El Internet de las Cosas (IoT) ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en uno de los pilares de la transformación digital. Hoy resulta difícil encontrar un sector donde los dispositivos conectados no desempeñen un papel relevante: fábricas inteligentes, edificios automatizados, agricultura de precisión, logística, sanidad, movilidad, energía o electrónica de consumo son solo algunos ejemplos de un ecosistema que continúa creciendo a gran velocidad.
Sin embargo, el verdadero cambio ya no consiste únicamente en conectar dispositivos a Internet. Durante los primeros años del IoT, gran parte de las soluciones se limitaban a recoger información mediante sensores y enviarla a plataformas cloud para su almacenamiento y análisis. La conectividad era el principal objetivo y, en muchos casos, cualquier tecnología inalámbrica resultaba suficiente para transmitir unos pocos datos cada cierto tiempo.
Los nuevos retos del diseño de dispositivos IoT
Hoy la situación es completamente diferente. Los nuevos dispositivos IoT no solo deben comunicarse. También necesitan procesar información localmente, colaborar con otros equipos, consumir muy poca energía, garantizar elevados niveles de seguridad y mantenerse operativos durante años en entornos cada vez más exigentes. A ello se suma la incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial embebida, el Edge Computing o las redes privadas de nueva generación, que están modificando profundamente la forma en que se diseñan los productos electrónicos conectados.
En este nuevo escenario, elegir un protocolo de comunicación ya no consiste únicamente en comparar el alcance o la velocidad de transmisión. La decisión afecta directamente al consumo energético, la autonomía del dispositivo, la capacidad de procesamiento, la interoperabilidad con otros sistemas e incluso a la vida útil del producto.
Qué descubrirás en esta guía
En este artículo analizaremos cómo está evolucionando el Internet de las Cosas, qué tecnologías de conectividad marcarán los próximos años y qué tendencias deberían tener en cuenta las empresas que desarrollan nuevos dispositivos electrónicos para construir soluciones preparadas para el futuro.
El IoT está cambiando: de dispositivos conectados a sistemas inteligentes
Durante mucho tiempo, el desarrollo de dispositivos IoT siguió un esquema relativamente sencillo.
Los sensores recogían información del entorno, un microcontrolador procesaba los datos básicos y posteriormente toda la información se enviaba a una plataforma en la nube donde se almacenaba, analizaba y utilizaba para generar alarmas o paneles de control.
Este modelo permitió impulsar la primera gran expansión del Internet de las Cosas y continúa siendo válido para numerosas aplicaciones. Sin embargo, también presenta limitaciones cada vez más evidentes.
A medida que aumenta el número de dispositivos conectados, crecen también el volumen de datos transmitidos, el consumo energético asociado a las comunicaciones y la dependencia de infraestructuras cloud capaces de procesar información procedente de miles o incluso millones de sensores distribuidos.
El auge del Edge computing
Muchas aplicaciones actuales requieren respuestas prácticamente inmediatas. En un sistema de mantenimiento predictivo, un robot colaborativo o una línea de producción automatizada, esperar a que los datos viajen hasta un servidor remoto para ser analizados puede introducir latencias incompatibles con el funcionamiento del sistema.
Por este motivo, el IoT está evolucionando hacia arquitecturas mucho más distribuidas, donde parte del procesamiento se realiza directamente sobre el propio dispositivo.
Los nuevos microcontroladores incorporan cada vez más capacidad de cálculo, aceleradores específicos para inteligencia artificial y recursos que permiten ejecutar algoritmos complejos sin abandonar el borde de la red (Edge). Esta evolución reduce el tráfico de comunicaciones, mejora la privacidad de la información y permite desarrollar sistemas mucho más autónomos.
La conectividad continúa siendo un elemento esencial, pero ha dejado de ser el único protagonista. El verdadero valor del IoT moderno reside en combinar comunicaciones eficientes, procesamiento local e inteligencia distribuida para construir dispositivos capaces de tomar decisiones cada vez más complejas.
El nuevo papel de la conectividad
Este cambio también está modificando la función que desempeñan los protocolos de comunicación. En los primeros despliegues IoT, el objetivo principal consistía en garantizar que el dispositivo pudiera enviar información al servidor utilizando el menor consumo posible.
Hoy los requisitos son mucho más amplios. La red debe permitir la convivencia de miles de dispositivos, facilitar actualizaciones remotas de firmware, proteger las comunicaciones frente a ataques, garantizar tiempos de respuesta muy reducidos y adaptarse a escenarios completamente diferentes entre sí.
No necesita el mismo tipo de conectividad un sensor alimentado mediante batería que debe funcionar diez años en un campo agrícola que una cámara industrial con transmisión de vídeo en tiempo real o un robot autónomo dentro de una fábrica inteligente.
Como consecuencia, el mercado está abandonando la idea de un único protocolo válido para todo. En su lugar está apareciendo un ecosistema donde conviven tecnologías muy diferentes, cada una optimizada para resolver necesidades concretas. Wi-Fi 7, Wi-Fi HaLow, Bluetooth LE, Thread, Matter, LoRaWAN, NB-IoT, LTE-M, 5G RedCap o las futuras redes satelitales no compiten necesariamente entre sí; en muchos casos se complementan para ofrecer la mejor solución según el tipo de aplicación.
Comprender las fortalezas y limitaciones de cada una de estas tecnologías se ha convertido en una parte fundamental del diseño de cualquier producto IoT moderno.
Las grandes tendencias que están definiendo el futuro del IoT
Más allá de la evolución de los protocolos inalámbricos, el Internet de las Cosas está experimentando una transformación mucho más profunda impulsada por cambios tecnológicos que afectan a la arquitectura completa de los dispositivos.
La conectividad continúa siendo un elemento imprescindible, pero ya no es suficiente para responder a las necesidades de los nuevos productos electrónicos. La inteligencia artificial, el procesamiento distribuido, la eficiencia energética y la interoperabilidad están redefiniendo la forma en que se diseñan los sistemas conectados.
Comprender estas tendencias resulta esencial para desarrollar dispositivos preparados para evolucionar durante los próximos años y evitar que una decisión tecnológica limite el crecimiento del producto a medio plazo.
Más inteligencia en el propio dispositivo
Una de las transformaciones más importantes consiste en trasladar parte del procesamiento desde la nube hacia el propio dispositivo.
Tecnologías como Edge AI y TinyML permiten ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente sobre microcontroladores y sistemas embebidos, reduciendo la necesidad de transmitir continuamente información a servidores remotos.
Este enfoque aporta ventajas importantes: disminuye la latencia, mejora la privacidad de los datos, reduce el consumo energético asociado a las comunicaciones y permite que el dispositivo continúe funcionando incluso cuando la conectividad no está disponible.
Cada vez será más habitual encontrar sensores capaces de detectar anomalías, cámaras que analizan imágenes localmente o equipos industriales que toman decisiones en tiempo real sin depender constantemente de una plataforma cloud.
La interoperabilidad dejará de ser opcional
Durante muchos años, uno de los principales problemas del IoT ha sido la enorme fragmentación existente entre fabricantes y protocolos.
Cada plataforma desarrollaba su propio ecosistema, obligando a utilizar aplicaciones, pasarelas y servicios diferentes para gestionar dispositivos que, en muchos casos, realizaban funciones similares.
La aparición de estándares como Matter, junto con el crecimiento de tecnologías como Thread, está impulsando un cambio de paradigma donde la interoperabilidad se convierte en un requisito fundamental.
Esta tendencia no afecta únicamente a la domótica. También comenzará a extenderse progresivamente hacia edificios inteligentes, automatización industrial y soluciones profesionales, facilitando la integración de dispositivos procedentes de diferentes fabricantes y reduciendo la dependencia de plataformas propietarias.
Los protocolos de conectividad que marcarán el futuro del IoT
La enorme diversidad de aplicaciones IoT hace prácticamente imposible que un único protocolo pueda satisfacer todas las necesidades del mercado. Un sensor alimentado mediante batería que transmite unos pocos bytes al día tiene requisitos completamente distintos a los de una cámara de visión artificial, un robot colaborativo o un vehículo autónomo.
Por este motivo, el futuro del Internet de las Cosas no pasa por la aparición de un estándar único, sino por la convivencia de múltiples tecnologías especializadas, cada una optimizada para un escenario concreto.
Durante los próximos años veremos cómo diferentes protocolos coexistirán dentro de un mismo producto, combinando comunicaciones locales, redes de largo alcance, conectividad celular e incluso enlaces satelitales para ofrecer soluciones cada vez más flexibles y robustas.
Wi-Fi 6 y Wi-Fi 7: mucho más que mayor velocidad
Cuando se habla de Wi-Fi 6 o Wi-Fi 7 suele asociarse inmediatamente con un aumento de la velocidad de transmisión. Sin embargo, para el IoT, el verdadero avance no reside únicamente en el ancho de banda disponible.
Estas nuevas generaciones han sido diseñadas para gestionar un número muy superior de dispositivos conectados de forma simultánea, reduciendo la congestión de la red y mejorando la eficiencia de las comunicaciones.
Tecnologías como OFDMA (Orthogonal Frequency Division Multiple Access) permiten que varios dispositivos compartan el mismo canal de forma mucho más eficiente, mientras que funciones como Target Wake Time (TWT) ayudan a reducir el consumo energético coordinando los momentos en los que los dispositivos deben activar su interfaz inalámbrica.
En el caso de Wi-Fi 7, la incorporación de Multi-Link Operation (MLO) representa otro avance importante. Esta tecnología permite utilizar varias bandas de frecuencia de forma simultánea, mejorando la estabilidad de la comunicación y reduciendo la latencia en aplicaciones críticas.
Todo ello convierte a estas tecnologías en una excelente opción para edificios inteligentes, hospitales, instalaciones industriales o sistemas de videovigilancia donde conviven decenas o incluso cientos de dispositivos conectados a una misma infraestructura.
No obstante, Wi-Fi continúa siendo una tecnología orientada principalmente a redes locales con disponibilidad de alimentación eléctrica o dispositivos cuya autonomía no constituye el principal factor de diseño.
Wi-Fi HaLow: la gran apuesta para el IoT de largo alcance
Mientras Wi-Fi 6 y Wi-Fi 7 buscan mejorar el rendimiento de las redes locales, Wi-Fi HaLow (IEEE 802.11ah) persigue un objetivo completamente diferente.
Esta tecnología ha sido desarrollada específicamente para aplicaciones IoT donde resulta prioritario aumentar el alcance de las comunicaciones y reducir el consumo energético sin abandonar el ecosistema Wi-Fi.
Al operar en bandas sub-GHz, Wi-Fi HaLow ofrece una mayor capacidad de penetración en obstáculos y una cobertura significativamente superior a la del Wi-Fi convencional. Esto permite desplegar sensores distribuidos en grandes instalaciones industriales, explotaciones agrícolas, almacenes logísticos o edificios de gran tamaño utilizando un número mucho menor de puntos de acceso.
Otra de sus ventajas es la posibilidad de conectar miles de dispositivos a una misma infraestructura manteniendo consumos muy reducidos, algo especialmente interesante en aplicaciones alimentadas mediante batería.
Aunque su adopción todavía se encuentra en una fase inicial, numerosos analistas consideran que Wi-Fi HaLow será una de las tecnologías con mayor crecimiento dentro del IoT profesional durante los próximos años.
Especialmente en aplicaciones donde hasta ahora era necesario elegir entre el alcance de tecnologías LPWAN y la flexibilidad del ecosistema Wi-Fi.
Bluetooth Low Energy y Bluetooth 6.0
Bluetooth continúa siendo una de las tecnologías inalámbricas más utilizadas en dispositivos IoT de corto alcance.
La evolución de Bluetooth Low Energy (BLE) ha permitido reducir considerablemente el consumo energético respecto a las primeras versiones del protocolo, facilitando el desarrollo de wearables, dispositivos médicos, sensores personales y sistemas de localización.
Sin embargo, la evolución del estándar no se ha detenido.
La llegada de Bluetooth 6.0 introduce mejoras especialmente relevantes para aplicaciones industriales y sistemas de seguimiento de activos. Una de las más destacadas es Channel Sounding, una tecnología que mejora significativamente la precisión de la localización entre dispositivos, permitiendo desarrollar soluciones de posicionamiento con una exactitud muy superior a la disponible hasta ahora.
Esta capacidad abre nuevas posibilidades para aplicaciones de trazabilidad en tiempo real, automatización logística, control de herramientas o navegación en interiores, sectores donde la localización precisa de activos resulta cada vez más importante.
Gracias a su bajo consumo y a la enorme implantación del estándar, Bluetooth seguirá ocupando un papel fundamental dentro del ecosistema IoT, especialmente en dispositivos personales y comunicaciones de proximidad.
Matter y Thread: hacia un IoT verdaderamente interoperable
Uno de los principales obstáculos que ha acompañado al Internet de las Cosas desde sus inicios ha sido la falta de compatibilidad entre plataformas.
Durante años, cada fabricante desarrolló su propio ecosistema de dispositivos conectados, obligando a utilizar aplicaciones, pasarelas y servicios específicos para cada marca.
Esta fragmentación dificultaba enormemente la integración de soluciones y suponía un importante freno para la adopción del IoT a gran escala.
Con la aparición de Matter, la industria está intentando resolver este problema mediante un estándar abierto que facilita la interoperabilidad entre dispositivos de distintos fabricantes.
Matter no sustituye a los protocolos de comunicación existentes, sino que define una capa común que permite que diferentes productos puedan descubrirse, comunicarse e interoperar independientemente del fabricante.
Para las comunicaciones de bajo consumo, Matter utiliza habitualmente Thread, un protocolo basado en IEEE 802.15.4 que crea redes malladas (mesh) extremadamente robustas y eficientes desde el punto de vista energético.
Esta combinación permite desarrollar ecosistemas donde sensores, actuadores, dispositivos de iluminación, sistemas de climatización y otros equipos colaboran de forma mucho más transparente.
Aunque su implantación comenzó en el ámbito de la domótica, cada vez existen más iniciativas orientadas a extender estos principios de interoperabilidad a edificios inteligentes, infraestructuras conectadas e incluso determinadas aplicaciones industriales.
Para los fabricantes de dispositivos electrónicos, diseñar productos compatibles con estándares abiertos supondrá una importante ventaja competitiva durante los próximos años.
LoRaWAN: conectividad para kilómetros, no para megabytes
No todos los dispositivos IoT necesitan transmitir grandes cantidades de información.
En muchos casos basta con enviar unos pocos bytes cada varios minutos, horas o incluso días. En estas aplicaciones, el consumo energético y el alcance de la comunicación son mucho más importantes que la velocidad de transmisión.
Aquí es donde LoRaWAN continúa demostrando todo su potencial. Gracias a su capacidad para cubrir varios kilómetros utilizando muy poca energía, LoRaWAN se ha consolidado como una de las tecnologías de referencia para agricultura inteligente, monitorización ambiental, ciudades inteligentes, gestión de infraestructuras y telemetría distribuida.
Su filosofía es completamente distinta a la de Wi-Fi o 5G. En lugar de maximizar el ancho de banda, LoRaWAN busca maximizar la autonomía del dispositivo, permitiendo desarrollar sensores capaces de funcionar durante años utilizando únicamente una batería.
Este equilibrio entre cobertura, consumo y coste seguirá convirtiéndolo en una de las soluciones más interesantes para desplegar grandes redes de sensores distribuidos.
NB-IoT y LTE-M: las redes celulares evolucionan para el IoT
Las redes móviles llevan años desempeñando un papel fundamental en el desarrollo del Internet de las Cosas. Sin embargo, las primeras soluciones basadas en 2G, 3G o incluso 4G tradicional presentaban importantes limitaciones para muchos dispositivos IoT, especialmente aquellos que debían funcionar durante largos periodos con baterías o transmitir pequeñas cantidades de información de forma esporádica.
Para responder a estas necesidades surgieron tecnologías como NB-IoT (Narrowband IoT) y LTE-M (LTE Cat-M1), dos estándares definidos por 3GPP específicamente para dispositivos conectados de bajo consumo.
Aunque ambas tecnologías comparten una filosofía similar, presentan diferencias importantes.
NB-IoT está orientado principalmente a sensores fijos que transmiten pequeños volúmenes de datos y donde la cobertura constituye un factor prioritario. Gracias a su reducido ancho de banda y a sus mecanismos de ahorro energético, resulta especialmente adecuado para aplicaciones como contadores inteligentes, monitorización ambiental, sistemas de gestión del agua o sensores distribuidos en edificios.
LTE-M, por su parte, ofrece una mayor velocidad de transmisión y soporte para movilidad, permitiendo desarrollar soluciones de seguimiento logístico, dispositivos médicos portátiles, sistemas de localización o equipos que necesitan actualizar su firmware de forma remota con mayor frecuencia.
Ambas tecnologías seguirán desempeñando un papel importante durante los próximos años, especialmente en aplicaciones donde desplegar una infraestructura propia resulta poco viable y se requiere aprovechar las redes móviles existentes.
5G RedCap: el equilibrio entre prestaciones y eficiencia
Aunque el despliegue de las redes 5G continúa avanzando, muchos dispositivos IoT no necesitan todas las capacidades ofrecidas por los terminales 5G convencionales.
Sensores industriales, cámaras inteligentes, pasarelas IoT o dispositivos médicos requieren una conectividad fiable y de baja latencia, pero no necesitan alcanzar velocidades de varios gigabits por segundo.
Con este objetivo nació 5G RedCap (Reduced Capability).
Este nuevo perfil, definido por el estándar 3GPP Release 17, reduce la complejidad del hardware manteniendo buena parte de las ventajas del 5G, como una menor latencia, una mayor eficiencia espectral y una mejor gestión de dispositivos conectados.
Al simplificar el módem y disminuir el consumo energético, RedCap permite desarrollar productos más económicos y con una mayor autonomía, facilitando la adopción del 5G en aplicaciones donde hasta ahora el coste constituía una barrera importante.
Todo apunta a que durante los próximos años veremos un crecimiento significativo de esta tecnología en sectores como la automatización industrial, la logística, la monitorización energética o la sanidad conectada.
Más que sustituir a NB-IoT o LTE-M, 5G RedCap ocupará un segmento intermedio donde resulta necesario combinar prestaciones superiores con un consumo y un coste contenidos.
Las redes satelitales abrirán el IoT a cualquier lugar del planeta
Hasta hace muy poco, desplegar dispositivos IoT en zonas sin cobertura móvil suponía un importante desafío técnico y económico.
Explotaciones agrícolas aisladas, infraestructuras energéticas, instalaciones mineras, embarcaciones o estaciones meteorológicas dependían de soluciones muy específicas y costosas para mantener la conectividad.
Esta situación está cambiando gracias a la aparición de las redes NTN (Non-Terrestrial Networks).
Estas redes, incorporadas dentro del estándar 3GPP Release 17, permiten que dispositivos IoT se comuniquen directamente mediante satélites compatibles, ampliando la cobertura prácticamente a cualquier punto del planeta.
La aparición de operadores especializados y el desarrollo de nuevas constelaciones de satélites de órbita baja están reduciendo progresivamente los costes de acceso a este tipo de servicios, haciendo posible aplicaciones que hasta hace pocos años resultaban inviables.
En lugar de sustituir a las redes terrestres, la conectividad satelital actuará como un complemento especialmente valioso para infraestructuras críticas, seguimiento de activos globales, agricultura, transporte marítimo o monitorización medioambiental.
Durante los próximos años será cada vez más habitual encontrar dispositivos capaces de alternar automáticamente entre redes celulares y enlaces satelitales en función de la cobertura disponible.
Ethernet industrial y TSN: la conectividad cableada también evoluciona
Cuando se habla del futuro del IoT es fácil centrar toda la atención en las tecnologías inalámbricas. Sin embargo, gran parte de la automatización industrial continúa dependiendo de redes cableadas para garantizar la máxima fiabilidad y tiempos de respuesta extremadamente reducidos.
En este ámbito, Industrial Ethernet sigue siendo la tecnología predominante.
Protocolos como PROFINET, EtherCAT, EtherNet/IP o Modbus TCP continúan siendo ampliamente utilizados en fábricas, líneas de producción y sistemas de automatización.
No obstante, uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido la aparición de TSN (Time-Sensitive Networking). TSN incorpora mecanismos que permiten garantizar la transmisión determinista de los datos sobre redes Ethernet estándar, algo imprescindible cuando diferentes equipos deben intercambiar información crítica con tiempos perfectamente sincronizados.
Gracias a estas capacidades, Ethernet continuará desempeñando un papel protagonista dentro de la Industria 4.0, coexistiendo con redes inalámbricas que aportan flexibilidad para sensores distribuidos, dispositivos móviles o sistemas donde el cableado resulta poco práctico.
El futuro de las fábricas inteligentes no pasará por sustituir completamente el cable por las comunicaciones inalámbricas, sino por integrar ambas tecnologías dentro de una misma arquitectura de comunicaciones.
Ningún protocolo resolverá todas las necesidades del IoT
Uno de los errores más habituales al diseñar un producto conectado consiste en intentar encontrar «el mejor protocolo IoT». En realidad, esa respuesta no existe. Cada tecnología ha sido desarrollada para resolver un conjunto muy concreto de necesidades y presenta ventajas e inconvenientes que deben evaluarse en función del tipo de aplicación.
Mientras Wi-Fi 7 resulta especialmente interesante para aplicaciones que requieren grandes volúmenes de datos, LoRaWAN continúa siendo una excelente opción para sensores distribuidos alimentados mediante batería. Del mismo modo, Bluetooth LE seguirá dominando las comunicaciones de corto alcance, mientras que 5G RedCap impulsará nuevas aplicaciones industriales y las redes satelitales permitirán conectar dispositivos prácticamente en cualquier lugar del mundo.
La verdadera tendencia del mercado no consiste en sustituir unos protocolos por otros, sino en construir dispositivos capaces de combinar varias tecnologías de comunicación dentro de una misma arquitectura.
Cada vez será más habitual encontrar productos que integren, por ejemplo, Bluetooth para la configuración inicial, Wi-Fi para las comunicaciones locales y LTE-M o satélite como respaldo cuando el dispositivo se desplaza fuera de la cobertura habitual.
Este enfoque híbrido permite diseñar sistemas mucho más resilientes, preparados para adaptarse a diferentes escenarios de funcionamiento y menos dependientes de una única infraestructura de comunicaciones.
¿Qué protocolo IoT elegir según el tipo de proyecto?
Después de analizar las principales tecnologías de conectividad, es fácil llegar a una conclusión: no existe un protocolo universal capaz de resolver todas las necesidades del Internet de las Cosas.
La elección dependerá de factores como el volumen de datos que debe transmitirse, la autonomía requerida, la cobertura disponible, la latencia aceptable, el entorno de instalación o el coste del hardware.
Por este motivo, durante las primeras fases del diseño electrónico resulta fundamental definir la arquitectura de comunicaciones antes incluso de seleccionar el microcontrolador o comenzar el diseño de la PCB.
La siguiente tabla resume qué tecnologías suelen resultar más adecuadas según el tipo de aplicación.
| Aplicación | Protocolo recomendado | Motivo principal |
|---|---|---|
| Domótica y edificios inteligentes | Matter + Thread | Interoperabilidad y bajo consumo. |
| Sensores alimentados mediante batería | LoRaWAN o NB-IoT | Gran autonomía y largo alcance. |
| Automatización industrial | Ethernet TSN + 5G RedCap | Baja latencia y alta fiabilidad. |
| Wearables y dispositivos médicos | Bluetooth Low Energy | Consumo muy reducido y amplia compatibilidad. |
| Videovigilancia y visión artificial | Wi-Fi 6 / Wi-Fi 7 | Gran ancho de banda. |
| Agricultura inteligente | Wi-Fi HaLow o LoRaWAN | Cobertura sobre grandes superficies. |
| Seguimiento de activos | LTE-M o NTN | Movilidad y cobertura global. |
| Infraestructuras críticas | Arquitectura híbrida | Máxima disponibilidad mediante varias tecnologías de comunicación. |
Más allá de esta clasificación, la tendencia actual consiste en combinar varios protocolos dentro del mismo producto para aprovechar las ventajas de cada uno de ellos.
Por ejemplo, un equipo industrial puede utilizar Bluetooth para facilitar la puesta en marcha mediante una aplicación móvil, Wi-Fi para comunicarse con la red local de la fábrica y una conexión LTE-M como canal de respaldo cuando la infraestructura principal deja de estar disponible.
Este tipo de arquitecturas híbridas serán cada vez más habituales a medida que aumente la complejidad de los sistemas IoT.
El futuro del IoT va mucho más allá de la conectividad
Aunque los protocolos de comunicación seguirán evolucionando durante los próximos años, la verdadera transformación del Internet de las Cosas no vendrá únicamente de la mejora de las redes inalámbricas.
La próxima generación de dispositivos inteligentes estará definida por la combinación de conectividad, procesamiento distribuido e inteligencia artificial, permitiendo que los equipos sean capaces de interpretar su entorno y actuar de forma mucho más autónoma.
En otras palabras, el futuro del IoT no consiste únicamente en conectar más dispositivos, sino en conseguir que esos dispositivos sean capaces de comprender mejor la información que generan.
La inteligencia artificial llegará a millones de dispositivos
Uno de los cambios más importantes será la incorporación progresiva de capacidades de inteligencia artificial directamente en los dispositivos conectados.
Hasta hace pocos años, la mayor parte del procesamiento debía realizarse en servidores cloud debido a las limitaciones de los microcontroladores.
Sin embargo, la evolución del hardware está permitiendo ejecutar modelos de aprendizaje automático sobre dispositivos cada vez más pequeños y eficientes.
Tecnologías como TinyML o Edge AI ya permiten desarrollar sensores capaces de detectar anomalías, clasificar información o ejecutar algoritmos predictivos directamente sobre el microcontrolador.
Este enfoque reduce considerablemente la latencia, disminuye el tráfico de comunicaciones y mejora la privacidad de la información, ya que buena parte de los datos nunca abandona el propio dispositivo.
A medida que aparezcan nuevos procesadores con aceleradores específicos para inteligencia artificial, veremos un crecimiento muy importante de este tipo de aplicaciones tanto en IoT industrial como en electrónica de consumo.
El Edge Computing seguirá ganando protagonismo
La dependencia absoluta de la nube está comenzando a desaparecer.
Cada vez más empresas buscan arquitecturas capaces de mantener el funcionamiento del sistema incluso cuando la conexión con Internet deja de estar disponible.
Esta tendencia está impulsando el crecimiento del Edge Computing, donde parte del procesamiento se realiza cerca del lugar donde se generan los datos.
En lugar de transmitir continuamente toda la información a un servidor remoto, los dispositivos analizan localmente los datos, ejecutan algoritmos de inteligencia artificial y únicamente envían los eventos realmente importantes.
Este modelo permite reducir costes de comunicación, mejorar la velocidad de respuesta y aumentar la resiliencia de la infraestructura.
En sectores como la automatización industrial, la energía, el mantenimiento predictivo o la monitorización remota, el Edge Computing será una pieza fundamental de las futuras arquitecturas IoT.
Microcontroladores cada vez más preparados para la inteligencia artificial
La evolución del hardware también está modificando profundamente el desarrollo de dispositivos conectados.
Los nuevos microcontroladores ya no se diseñan únicamente para controlar sensores o gestionar comunicaciones.
Cada nueva generación incorpora mayor capacidad de procesamiento, más memoria, aceleradores matemáticos y unidades específicas para ejecutar algoritmos de inteligencia artificial con un consumo muy reducido.
Plataformas como los nuevos ESP32, los microcontroladores basados en RISC-V o los procesadores orientados a Edge AI demuestran que la frontera entre los sistemas embebidos tradicionales y la inteligencia artificial continúa reduciéndose.
Esta evolución permitirá desarrollar dispositivos mucho más inteligentes sin incrementar significativamente el consumo energético ni el coste del hardware.
La seguridad dejará de ser un complemento
A medida que aumenta el número de dispositivos conectados, también lo hace la superficie de ataque disponible para posibles amenazas.
Durante los primeros años del IoT, muchos productos se diseñaban priorizando el coste o la rapidez de desarrollo, relegando la seguridad a un segundo plano.
Actualmente esta estrategia resulta inviable.
Las nuevas normativas internacionales y la creciente preocupación por la ciberseguridad están impulsando la incorporación de mecanismos de protección desde las primeras fases del diseño electrónico.
Secure Boot, almacenamiento seguro de claves criptográficas, actualizaciones OTA firmadas digitalmente, cifrado hardware o autenticación mutua entre dispositivos serán elementos cada vez más habituales incluso en productos de bajo coste.
La seguridad dejará de considerarse una característica adicional para convertirse en uno de los pilares fundamentales del diseño de cualquier dispositivo IoT.
La interoperabilidad impulsará ecosistemas abiertos
Otro cambio importante será la progresiva desaparición de ecosistemas completamente cerrados.
Los usuarios ya no aceptan que un dispositivo únicamente funcione dentro de una plataforma concreta.
La creciente adopción de estándares abiertos permitirá que equipos desarrollados por fabricantes diferentes puedan integrarse con mucha mayor facilidad.
Esta interoperabilidad reducirá la dependencia tecnológica, facilitará la evolución de los productos y permitirá construir infraestructuras IoT mucho más flexibles y escalables.
Para las empresas que desarrollan nuevos dispositivos electrónicos, apostar por estándares abiertos supondrá una importante ventaja competitiva frente a soluciones excesivamente ligadas a plataformas propietarias.
La eficiencia energética seguirá marcando el desarrollo del IoT
Durante los últimos años, una gran parte de la innovación en el Internet de las Cosas se ha centrado en reducir el consumo energético de los dispositivos. Microcontroladores más eficientes, protocolos inalámbricos de bajo consumo y baterías con mayor densidad energética han permitido desarrollar sensores capaces de funcionar durante varios años sin necesidad de mantenimiento.
Sin embargo, el siguiente gran salto del IoT no consistirá únicamente en consumir menos energía, sino en reducir al máximo la necesidad de intervención humana.
A medida que aumenta el número de dispositivos conectados, sustituir periódicamente las baterías deja de ser una tarea asumible. En una instalación industrial, una explotación agrícola o una infraestructura urbana con miles de sensores distribuidos, el coste asociado al mantenimiento puede superar ampliamente el del propio hardware.
Por este motivo, la industria está evolucionando hacia dispositivos capaces de funcionar durante toda su vida útil con un mantenimiento mínimo o incluso sin necesidad de sustituir la batería.
El auge del Energy Harvesting
Una de las tecnologías que está impulsando esta transformación es el Energy Harvesting o captación de energía ambiental.
Su funcionamiento se basa en aprovechar pequeñas cantidades de energía presentes en el entorno para alimentar parcial o totalmente el dispositivo electrónico. Dependiendo de la aplicación, esta energía puede obtenerse mediante diferentes fuentes:
- Pequeños paneles solares para instalaciones exteriores.
- Vibraciones mecánicas presentes en maquinaria industrial.
- Diferencias de temperatura aprovechadas mediante generadores termoeléctricos.
- Presión o movimiento utilizando materiales piezoeléctricos.
- Campos electromagnéticos o radiofrecuencia ambiental en aplicaciones muy específicas.
Aunque la potencia disponible suele ser reducida, resulta suficiente para alimentar sensores de muy bajo consumo capaces de permanecer largos periodos en modo de suspensión y activar únicamente los sistemas de comunicación cuando es necesario transmitir información.
Este enfoque permite desarrollar dispositivos prácticamente autónomos, especialmente interesantes en aplicaciones donde acceder físicamente al equipo resulta complicado o económicamente poco rentable.
Hardware, firmware y conectividad deben trabajar conjuntamente
La energía autónoma no depende únicamente de incorporar una fuente alternativa de alimentación. Para obtener una autonomía realmente elevada es necesario optimizar el diseño del dispositivo en todos sus niveles.
El hardware debe incorporar microcontroladores capaces de consumir apenas unos microamperios durante los periodos de reposo, mientras que el firmware debe minimizar el tiempo de funcionamiento activo y aprovechar al máximo los modos de bajo consumo disponibles.
La elección del protocolo de comunicación también desempeña un papel fundamental. Tecnologías como Bluetooth Low Energy, LoRaWAN, NB-IoT o Wi-Fi HaLow han sido diseñadas precisamente para reducir el consumo asociado a las comunicaciones inalámbricas, permitiendo transmitir información únicamente cuando resulta necesario.
A ello se suma la incorporación de Edge AI y TinyML, que permiten procesar los datos directamente sobre el dispositivo y evitar transmisiones innecesarias hacia la nube. Cuanta menos información sea necesario enviar, menor será el consumo energético y mayor la autonomía del sistema.
Hacia dispositivos prácticamente libres de mantenimiento
Todo apunta a que la combinación de Energy Harvesting, microcontroladores de ultra bajo consumo, inteligencia artificial embebida y protocolos de comunicación cada vez más eficientes marcará una de las principales líneas de evolución del Internet de las Cosas durante los próximos años.
Este cambio permitirá desplegar sensores en ubicaciones donde hasta ahora el mantenimiento periódico resultaba inviable, facilitando nuevas aplicaciones en agricultura inteligente, ciudades conectadas, monitorización estructural, infraestructuras críticas, logística, mantenimiento predictivo o control medioambiental.
Más que aumentar simplemente la autonomía de los dispositivos, la energía autónoma representa un cambio de paradigma en el diseño del IoT. El objetivo ya no será únicamente desarrollar sensores conectados, sino construir sistemas capaces de funcionar durante años —o incluso durante toda su vida útil— con una intervención humana mínima, reduciendo costes de explotación y facilitando el despliegue de redes IoT a una escala sin precedentes.
Conclusión
El Internet de las Cosas está entrando en una nueva etapa de madurez. Si durante la última década el principal objetivo consistía en conectar dispositivos a Internet, los próximos años estarán marcados por la capacidad de esos dispositivos para procesar información, colaborar entre sí y tomar decisiones cada vez más inteligentes.
Esta evolución no depende únicamente de la aparición de nuevos protocolos de comunicación. Tecnologías como Edge AI, TinyML, la inteligencia artificial agéntica, los nuevos microcontroladores basados en RISC-V o los estándares abiertos de interoperabilidad están redefiniendo la forma en que se diseñan los productos electrónicos.
Al mismo tiempo, la conectividad continuará especializándose. En lugar de buscar una tecnología universal, el mercado evolucionará hacia arquitecturas híbridas capaces de combinar Wi-Fi, Bluetooth, redes LPWAN, comunicaciones celulares y enlaces satelitales según las necesidades de cada aplicación.
Para las empresas que desarrollan dispositivos IoT, esto supone un cambio importante en la forma de abordar un nuevo proyecto. La selección del protocolo de comunicación ya no puede realizarse de forma aislada. Debe formar parte de una estrategia global donde hardware, firmware, inteligencia artificial, seguridad, consumo energético y escalabilidad trabajen de forma conjunta.
Diseñar un producto preparado para el futuro significa apostar por arquitecturas flexibles, estándares abiertos y tecnologías capaces de evolucionar junto con las necesidades del mercado.
En este contexto, comprender las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de conectividad y procesamiento será un factor decisivo para desarrollar productos electrónicos más competitivos, eficientes y preparados para afrontar la próxima generación del Internet de las Cosas.
¿Estás desarrollando un dispositivo IoT y no sabes qué tecnología de conectividad elegir?
Seleccionar el protocolo de comunicación adecuado es una de las decisiones más importantes durante el desarrollo de un producto electrónico. El alcance de la red, el consumo energético, la latencia, la interoperabilidad o la posibilidad de actualizar el dispositivo de forma remota condicionarán tanto el rendimiento como la vida útil del sistema.
En Kenso Circuits ayudamos a empresas y startups a desarrollar dispositivos IoT adaptados a las necesidades reales de cada proyecto. Nuestro equipo participa en todas las fases del desarrollo, desde la definición de la arquitectura electrónica y la selección de microcontroladores hasta el diseño de la PCB, el desarrollo de firmware, la integración de sensores y la industrialización del producto.
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Preguntas frecuentes sobre el futuro del IoT y los protocolos de conectividad
¿Qué protocolo será el más utilizado en el futuro del IoT?
No existe un único protocolo que vaya a dominar todos los escenarios. Tecnologías como Wi-Fi HaLow, Bluetooth Low Energy, Matter, Thread, LoRaWAN, NB-IoT, LTE-M y 5G RedCap convivirán durante los próximos años, cada una orientada a un tipo de aplicación diferente.
¿Seguirá siendo importante el Wi-Fi en el Internet de las Cosas?
Sí. Las nuevas generaciones de Wi-Fi incorporan mejoras importantes en eficiencia, gestión de dispositivos y latencia. Además, tecnologías como Wi-Fi HaLow amplían considerablemente las posibilidades del ecosistema Wi-Fi para aplicaciones IoT de largo alcance y bajo consumo.
¿Qué diferencia existe entre LoRaWAN y NB-IoT?
Ambas tecnologías están diseñadas para dispositivos de bajo consumo y largo alcance, pero presentan enfoques diferentes. LoRaWAN suele utilizar infraestructuras privadas o públicas específicas, mientras que NB-IoT aprovecha las redes de telefonía móvil desplegadas por los operadores.
¿Qué ventajas aporta 5G RedCap frente al 5G convencional?
5G RedCap reduce la complejidad del hardware y el consumo energético manteniendo muchas de las ventajas del 5G tradicional. Está especialmente orientado a sensores industriales, dispositivos médicos, logística y aplicaciones IoT que no necesitan las máximas velocidades de transmisión.
¿Matter sustituirá a Zigbee o Thread?
No exactamente. Matter no reemplaza los protocolos de comunicación, sino que proporciona una capa de interoperabilidad que permite que dispositivos de distintos fabricantes trabajen conjuntamente. Habitualmente utiliza Thread o Wi-Fi como tecnologías de transporte.
¿Qué papel tendrá la inteligencia artificial en el futuro del IoT?
La inteligencia artificial permitirá que los dispositivos analicen información localmente, detecten anomalías, optimicen procesos y tomen decisiones en tiempo real sin depender continuamente de la nube. Tecnologías como TinyML y Edge AI serán cada vez más habituales en productos IoT.
¿Las comunicaciones por satélite serán habituales en dispositivos IoT?
Sí. La integración de redes satelitales dentro de los estándares 3GPP permitirá ampliar la cobertura de los dispositivos IoT a zonas donde actualmente no existe conectividad terrestre, facilitando aplicaciones en agricultura, logística, energía o monitorización ambiental.
¿Cómo influirá Edge Computing en los dispositivos conectados?
El Edge Computing trasladará parte del procesamiento desde la nube hacia el propio dispositivo o hacia infraestructuras cercanas. Esto reducirá la latencia, mejorará la privacidad de los datos y disminuirá el consumo energético asociado a las comunicaciones.
¿Qué aspectos deben tener en cuenta las empresas al desarrollar un nuevo dispositivo IoT?
Además de seleccionar el protocolo de comunicación adecuado, es importante considerar el consumo energético, la seguridad, la posibilidad de actualizar el firmware de forma remota, la interoperabilidad con otros sistemas y la escalabilidad de la solución a largo plazo.
¿Cómo elegir la tecnología de conectividad más adecuada?
La decisión dependerá del tipo de aplicación, el alcance necesario, la autonomía esperada, el volumen de datos transmitidos, la infraestructura disponible y el presupuesto del proyecto. Analizar todos estos factores desde las primeras fases del diseño permitirá desarrollar un producto más eficiente y preparado para evolucionar en el futuro.
¿Qué tendencias marcarán el Internet de las Cosas durante los próximos años?
Todo apunta a que el crecimiento del IoT estará impulsado por la combinación de inteligencia artificial embebida, Edge Computing, procesamiento distribuido, estándares abiertos de interoperabilidad, microcontroladores más potentes, redes híbridas de comunicación y una creciente preocupación por la ciberseguridad y la eficiencia energética. La convergencia de estas tecnologías permitirá desarrollar dispositivos mucho más autónomos, inteligentes y conectados, capaces de adaptarse a escenarios cada vez más complejos.

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